Pues eso, que entre días de atascos y ausencia de palabras, ni voz ni voto se atisba en el río. Tal vez, si acaso, recoger las botellas rotas tras la escucha de los Tonos Carnosos.
Que posiblemente fueron ellos los culpables de que una noche de viernes este viejo marino (¿?) se aventurase más allá de sus dominios. Cerveza en una barra extraña y guitarras sobre un escenario es algo que últimamente, por inusual, se antoja de otra vida. Todas mis sed se aplacan embotelladas en estos días.
Fountains of Wayne llegaron y se fueron (vamos, como todos), tocaron corto y alto, me gustaron cuando se cobijaron en sus muros power-pop (las más de las veces), y no tanto cuando dieron rienda suelta a sus melodías con sonidos dance. Reconozco que su último single, Someone to love, podría hacerles escalar cualquier lista de esas que garantizan la fama. Pero es que cerrando los ojos, en disco y en directo, me recuerdan a las chiquitas esas de Dover, moviendo ahora sus esqueletos por esas pistas de dios.
Será que mi artrosis me invita más al ritmillo llevado con los pies y acompañado con un ligero movimiento de cabeza. En fin, que en su último trabajo, Traffic and Weather, me veo obligado a saltarme tres o cuatro canciones. Y eso, querido organista onanista, en estos tiempos de uso indiscriminado del dedo índice, no es bueno, no.
Me gusta cuidar mis debilidades, alimentarlas, añorarlas, seguirlas, pensarlas, recordarlas, beberlas, vivirlas, mimarlas, guardármelas.
Sean las que sean, son mías. Como los Fleshtones son un poco míos. O así los siento. Su garage-soul-beat siempre me hizo sudar, siempre me dio ganas de comerme el mundo, de sentirme menos mequetrefe.
Les recuerdo hace muchos años, terminando un concierto en Madrid, dirigiéndonos al público en fila india a la calle, mientras el batería mantenía el ritmo con el bombo bajo el brazo. También hace muchos menos años, subidos (ellos) a la barra del local durante buena parte del concierto.
Por alguna caja he de tener aún el paquete de Lucky Strike que, con las firmas de Peter Zaremba (mi mentor en eso de tocar unas maracas sobre un escenario) y Keith Streng, me consiguió atikus tras más de una cerveza en La Vía Láctea.
Son días estos en que las palabras no me salen, o la falta de tiempo no las propicia. Por eso prefiero obviar su trayectoria, sus historias, sus fetiches. Me centro mejor en simplemente escuchar su nuevo trabajo, Take a good look, que sé que me ofrece prácticamente lo mismo de siempre.
Pero esto mismo no es otra cosa que sudor lúdico, urgencia juvenil, tal como la entiendo. Qué importa que ellos y yo estemos mayores, si podemos seguir sintiendo como queramos (superando mi síndrome AOR estoy?).
Como un niño volviendo a la escuela. Acompañado de mis amigos. Durante casi treinta años juntos. Haciendo gamberradas por las aceras.
Pero cómo puede decir la buena de Kelly Willis que nadie quiere volver a la luna? Yo me apunto. O más que posible, ya estoy en ella. Mi mente divaga a estas horas desde hace semanas, floto, no tengo cuerpo.
Y sin embargo, hago tiempo en el atasco escuchando su nuevo disco, Translated from love, al que he llegado siguiendo la estela de su productor, el gran Chuck Prophet, a quien quiero a pesar de alguna pasada decepción.
Me engatusa la Willis, aunque haya algo en su country-rock que no cuadre del todo con mis levitaciones entre coches. No sé, me vienen tres letritas que hace tiempo tuvieron un decir en esto de la música, AOR. Adult Oriented Rock. Vamos, rock sin muchas transgresiones, apto para cuarentones con un cierto y recóndito espíritu rebelde pero de formas asentadas (glups, me acabo de describir?). Hace tiempo que no oigo hablar del AOR. Tal vez pasó el tiempo de esta etiqueta, como pasa el de las modas, o tal vez haya sido engullido por el AOP (Adult Oriented Pop) que arrasa en las vomitivas emisoras musicales de hoy día.
Divago, divago, ya lo decía antes. Se me va la cabeza, a la luna. Y sin embargo, coño con la Willis, se me está quedando. Sin duda, es la edad (la mía).
Por cierto, cuentan las lenguas no se qué de que un ocho ha sucedido a un siete en los calendarios. Yo no me entero mucho, pero por si acaso, tengan la mejor de las suertes en este ocho.
Suena la corriente: "Nobody wants to go to the moon anymore" - Kelly Willis